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Tabares: ‘Tal vez soñar’ es una comedia humana que aborda la especial relación que mantenemos con nuestros muertos”

Tabares: ‘Tal vez soñar’ es una comedia humana que aborda la especial relación que mantenemos con nuestros muertos”

  • La obra será estrenada en Canarias los días 11 y 12 de noviembre en el Teatro Leal de La Laguna, para luego hacerlo en el Teatro Cuyás los días 15 y 16 de diciembre

Uno de nuestros dramaturgos más reputados de la actual escena canaria, el palmero Antonio Tabares, es el autor del texto ‘Tal vez soñar’ que la actriz lanzaroteña Marta Viera y los dos argentinos, Miguel Ángel Maciel y Quique Fernández, interpretan a las órdenes de Mario Vega, en la que es la última producción de la Factoría Unahoramenos tras sus anteriores y exitosas entregas escénicas, ‘Me llamo Suleimán’ y ‘Los malditos’.

Cartel de la obra teatral Tal vez soñar

La obra será estrenada en Canarias los días 11 y 12 de noviembre en el Teatro Leal de La Laguna. En diciembre llega al escenario del grancanario Teatro Cuyás los días 15 y 16.

Como confiesa el autor, Antonio Tabares, que ya había trabajado con anterioridad con Mario Vega en el espectáculo musical ‘Piel canela’, el texto surge de una delicada experiencia personal que padeció a la que sumó un sueño que tuvo hace un tiempo, quizá porque la lógica de la literatura es, en gran medida, la lógica del sueño. No obstante ‘Tal vez soñar’ es un encargo directo de Mario Vega a Tabares, a los que une una amistad solidificada sobre el compromiso teatral en las islas.

Una revelación

“Fue como una revelación. Una experiencia tan real como un recuerdo o más”, explica. “Los recuerdos que operan en nuestra memoria y la muerte es un tema universal e inevitablemente recurrente en nuestra cultura y toda la historia que la atraviesa la humanidad. Pero ‘Tal vez soñar’ no es una comedia truculenta; todo lo contrario: exalta la esperanza y tiene momentos muy emocionantes”, añade el también responsable de los exitosos textos ‘La punta del iceberg’ y ‘Una hora en la vida de Stefan Zweig’, todavía en escena en la península. “Es una comedia blanca, no en sentido naif, sino que no es ofensiva porque trata de ir directa al corazón de las cosas”.

Incluso el tinerfeño David Cánovas llevó al cine ‘La punta del iceberg’ el año pasado con Maribel Verdú y Carmelo Gómez, así como Delirium Teatro y Sergi Belbel a los escenarios, en una cuidada producción de Teatro de La Abadía. El enorme talento del dramaturgo palmero también puede comprobarse en otras obras como ‘La sombra de don Alonso’, ‘Mare Tranquilitatis’, ‘Cuarteto para el fin del tiempo’ o ‘Los mares habitados’.

Cartel de La punta del iceberg

Tabares, que posee el Premio Tirso de Molina 2011, el Premio Réplica 2012 y dos nominaciones a los Max como Mejor Autoría Teatral, explica que le gusta afrontar sus textos “palpando el conflicto y la actualidad de día a día. Me gustan las tramas en las que los personajes se ven desbordados por los acontecimientos y extrañados por cuanto acontece a su alrededor en un mundo que se desmorona”, dice.

Textos con vida propia

Reconoce que el texto de ‘Tal vez soñar’ es uno de los textos que más rápidamente ha terminado. “En un mes estaba concluida porque todo el proceso se precipitó de manera natural, algo poco habitual en mi”, añade. “En algunas ocasiones tengo el final o el principio solucionado antes de haber escrito la trama, pero en ‘Tal vez soñar’ nunca tuve claro hacia dónde me dirigía. Recuerdo haber estado enfrascado en el proceso de escritura con mucha intensidad. Fui el primer espectador sorprendido del final de la obra y eso es muy gratificante. Es como si el texto tuviera vida propia. Espero que el público cuando la disfrute tenga esa misma sensación. Trata un tema muy personal y tenía una imperiosa necesidad de escribirlo aunque me hubiese separado del espíritu de ese encargo inicial. Tras leerla, Vega la consideró y ahora es una realidad”.

El dramaturgo palmero Antonio Tabares

“Es una comedia humana que aborda la especial relación que mantenemos con nuestros muertos y sobre cómo siguen influyendo, aunque sea de manera irreal, en nuestras vidas. La obra explora esas sensaciones de lo soñado y lo recordado, porque al fin y al cabo los muertos están muertos, pero no del todo. En el recuerdo es donde se sostiene el carácter de los tres personajes, aunque el recuerdo no deja de ser una recreación”.

El sueño es una licencia que se repite continuamente en la obra. “El montaje juega con las ambigüedades de lo real y lo soñado y permite escénicamente ricos juegos simbólicos que se apartan del realismo y van más a lo surreal y onírico. Inma, la protagonista, sigue viviendo en el recuerdo de las personas que la quisieron porque de alguna manera va a seguir protagonizando las vidas de esas personas, desde su marido a su hijo, pasando por su padre o el propio médico que no pudo salvarle la vida cuando yacía sobre la mesa de operaciones del hospital”, prosigue Tabares.

El palmero reconoce que la última pieza teatral que lo ha dejado epatado en la butaca es ‘Incendios’, del canadiense de origen libanés, Wajdi Mouawad. “Será una obra que perdurará cuando se hable del gran teatro de principios del siglo XXI. Es una moderna tragedia, una obra maestra tanto por su contenido como por su escritura poética”, concluye.

Agarrarse a la esperanza

No se define como un autor apegado a los dramas ni a la ligereza de la comedia. “Depende del momento vital en el que me encuentre. Generalmente suelo agarrarme a la esperanza, incluso en obras menos luminosas como ésta. En el fondo siempre se trata de jugar con claroscuros”, agrega Tabares, que  no se ve en otro registro que no sea escribir para teatro. “El teatro es la manifestación que quizás más se parece a la vida, porque nunca termina de crecer. Un mismo texto producido por dos compañías siempre sería distinto. También me seduce que es un arte colectivo. Tú nunca tienes la última palabra. El director dirige, el actor proporciona corporeidad a tus palabras, el público percibe distintas concepciones y finalmente asiente o no con su aplauso…”.

A Antonio Tabares le apasionan los temas históricos. No en vano su primer texto, ‘La sombra de don Alonso’ estaba ambientado en La Palma durante la Guerra Civil española. Luego llegaron los títulos ‘Cuarteto para el fin del tiempo’, que aborda el cautiverio de Olivier Messiaen durante la Segunda Guerra Mundial o ‘Una hora en la vida de Stefan Zweig’ que trata del autor austriaco. Pero también ha lidiado con tramas vinculadas a la actualidad en clave de comedia como fue ‘Canarias’ en su momento, ‘La punta del iceberg’ o ‘Libros cruzados’, aún inédita.

Cartel de Una hora en la vida Stefan Zweig

“Leo mucho teatro y me interesan muchos los textos que escriben mis contemporáneos. Hay una inmensa variedad de autores españoles muy interesantes en temas y estilos. Mayorga sería el primero, pero también Alfredo Sanzol, Sergi Belbel, Guillem Clua, José Ramón Fernández, Juan Carlos Rubio, Antonio Rojano, Estel Solé… “ De los canarios destaca el trabajo de los hermanos Bazo, José Padilla o Irma Correa. Aplaude el programa Canarias Escribe Teatro que “está haciendo mucho por la nueva dramaturgia de las Islas, del que han salido autores como Miguel Ángel Martínez, Victoria Oramas, Roberto García de Mesa, Luis O’Malley o Zebenzuí Felipe… las compañías deberían también mirar más a estos autores”, propone el dramaturgo y periodista palmero.

Antonio-Tabares

La mirada escénica del director, Mario Vega, propició algunas modificaciones consensuadas en el texto con Tabares. “Un texto siempre tiene el objetivo de escenario, pero evidentemente aspectos que en el papel pueden resultar muy ingeniosos, sobre el escenario pueden provocar falta de ritmo o incomodidad en los actores. Por eso Vega  ha formulado propuestas relativas a algunas escenas concretas en las que no hemos tenido problema alguno buscando siempre lo mejor para la producción y los actores. El texto que vale es el que sube al escenario”, señala.

Sobre la situación de las artes escénicas en Canarias Tabares opina que “existe un buen momento creativo tanto actoral como de dramaturgos nuevos y de compañías y productoras, tampoco nunca antes habíamos contado con tantas infraestructuras escénicas, pero el tejido teatral en las islas es esquelético. Las compañías tienen muchísimos problemas de distribución para que sus espectáculos puedan verse en otras islas y península, los circuitos institucionales no funcionan, no hay capacidad ejecutiva para propiciar un plan que contemple al teatro no como un hobby de principiantes, sino como una industria profesional del espectáculo que genera riqueza, trabajo y dimensiona cultura… Parece un mal endémico de Canarias. Me lo preguntan hace diez años y la respuesta hubiera sido casi la misma. Se dan los elementos y lo que falta es voluntad y coordinación en el diseño de los planes de gestión del Gobierno, Cabildos y ayuntamientos para que ese tejido sea estable”, se lamenta.