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Chona, la perra más famosa de Canarias

Chona, la perra más famosa de Canarias

Los hijos del dueño de la perra Chona y algunos vecinos de Almatriche rememoran aquellos inquietantes e intrigantes días de mayo de 1955, cuando la Brigada de Investigación Criminal tomó el barrio para localizar al culpable de un horrendo crimen, del que nunca llegamos a conocer ni la identidad de la víctima ni la del culpable.

Roque Moreno, dueño de la perra Chona.

Roque Moreno, dueño de la perra Chona.

Posiblemente Roque Moreno Ramírez cuando se aseó y se trajeó en la tarde del sábado 4 de mayo de 1955 con la intención de visitar a su novia y la que sería su futura esposa, Inés Hernández Tejera, jamás pensó que al regresar a su casa, ya de noche cerrada, se encontraría con tal revuelo y tensión en el discreto camino de tierra de Los Lentiscos en el que vivía de soltero con sus otros seis hermanos y sus tías Cándida y Pino.

Chona era un animal de dos años de edad, inquieto y de mucho carácter. A Roque se la había regalado Pepe Moreno, un conocido suyo de El Dragonal, para cuidar unas tierritas que cultivaba en una vaguada que conduce a la zona de San Roque. Era una perra común de mediana estatura, lomo negro y pelo corto, de esas que siempre han sido definidas con sorna como una mil leches.  Aquella mañana, como otras tantas, recorrió dando tumbos un lomo humilde en el que sólo crecía mala hierba, tuneras y cardos, en busca de algún lagarto o erizo para su cría Chita. Mientras olisqueaba aquella tierra polvorienta y seca fue cuando desenterró un trozo de cráneo humano que agarró entre sus colmillos y trasladó hasta el exterior de un cuartucho de piedra cercano a la casa de su dueño.

José Lorenzo Moreno y Antonio Rivero ante el cuartucho en el que Chona depositó en cráneo

José Lorenzo Moreno y Antonio Rivero ante el cuartucho en el que Chona depositó en cráneo

José Lorenzo Moreno y Antonio Rivero ante el cuartucho en el que Chona depositó en cráneo.

El día que Chona descubrió el macabro hallazgo marcó un antes y un después en las vidas de los vecinos del apacible pago de Almatriche en el que, como cuenta Antonio Rivero Rivero, “había por entonces once casas y los habitantes no pasaban de quince”.

Preocupados y asustados

En mayo de 1955, cuando Chona desenterró el famoso cráneo, Rivero era un pollillo de 15 años. El hoy propietario de una ferretería en la calle Los Lentiscos cuenta con 76. El barrio ha crecido sin control sometido a la presión demográfica y la especulación, como otros muchos del extrarradio de la capital grancanaria. “Aquello fue un revuelo total en la zona. Durante días fue muy común ver por los alrededores a la policía, no la de ahora, sino la de antes, que vestía de gris e imponía mucho respeto”, recuerda con cierta ironía.

“Casi todos los cabeza de familia fueron interrogados y se preguntaban temerosos entre ellos por el tipo de preguntas que la Brigada de Investigación Criminal había formulado a unos y otros. Éramos pocos y vivíamos a menos de 200 metros una familia de otra. Se especuló inicialmente con que era un cráneo que había sido extraído del cementerio, o que podía corresponder a alguien asesinado en el estanque de La Culata, en cuyas cercanías también aparecieron unas gafas y una dentadura postiza. Hasta la fecha nunca se ha sabido de quién era aquel dichoso cráneo. Estábamos preocupados y asustados”, confiesa Antonio Rivero, que añade que después de casi 60 años aún sigue en boca de los lugareños de más edad y de las nuevas generaciones el nombre de la perra Chona como protagonista de una singular historia, que puso a Almatriche en la órbita de la actualidad y las páginas de la prensa local de la época.

Nombre-del-lugar-en-el-que-se-produjo-el-hallazgo-de-un-crimen-que-nunca-se-resolvió.

Nombre del lugar en el que se produjo el hallazgo de un crimen que nunca se resolvió.

“El día que Chona descubrió el macabro hallazgo marcó un antes y un después en las vidas de los vecinos del apacible pago de Almatriche”

Rivero es dueño de varios perros que mantiene en su casa-finca, pero ninguno se llama Chona. Ni Zapatero ni Mariano, dos de ellos, a buen seguro que ni proponiéndoselo, jamás llegarán a ser tan famosos como la perra que se hizo popular en Gran Canaria por descubrir aquel cráneo.

Dos de los hijos de Roque Moreno recuerdan hoy cómo siendo niños su padre les contó la historia de la perra Chona, y de cómo aquel suceso modificó durante algunos días la rutinaria y humilde existencia del mismo. Rosa María y José Lorenzo Moreno toman café a media tarde en la cocina donde vivieron su niñez junto al resto de sus tres hermanos menores Ana Inés, Roque Manuel y Ángel Luis y su madre Inés, mientras su nieta, la joven Mapi Sánchez Moreno, estudiante de Arquitectura, observa en su ordenador algunos documentos escaneados del periódico Diario de Las Palmas de aquel mismo año, en los que figuran declaraciones de su abuelo, así como una de las pocas fotos que hoy se conservan de la perra Chona junto a Chita, su pequeña cría.

José Lorenzo, Rosa María Lorenzo y Mapi Sánchez, hijos y nieta de Roque Moreno.

José Lorenzo, Rosa María Lorenzo y Mapi Sánchez, hijos y nieta de Roque Moreno.

 

Una perra irascible

Roque Moreno salía con la primera luz de la mañana de Almatriche con su camión alquilado a Pancho Naranjo, como otros días hacía con el propósito de vender fruta y verdura en el exterior del Mercado de Vegueta. Cuando su perra Chona encontró el cráneo de manera fortuita tenía 31 años.

Siempre fue un ser discreto, trabajador y noble, que se vio obligado a trasladar su tinglado de frutas y verduras al Mercado Central, cuando el ayuntamiento capitalino desalojó a los vendedores de los puestos exteriores del mercado de abastos de la orilla de Guiniguada, para ubicarlos en el mencionado del barrio de las Alcaravaneras.

La Brigada de Investigación Criminal llegó a Almatriche para iniciar la investigación sobre la aparición de aquel cráneo que pertenecía a un varón de unos cincuenta años aproximadamente, siendo el magistrado juez Segundo Tarancón Pastora, del Juzgado de Instrucción número 1 de Las Palmas, el encargado de abrir las diligencias. En el rotativo Diario de Las Palmas se publicaba el día 10 de junio de 1955 una notificación y llamamiento a la ciudadanía, a fin de identificar a la víctima, en la que se solicitaba que si alguna persona tenía constancia de la desaparición de algún pariente o conocido en los primeros días de mayo, lo pusiera en conocimiento de la autoridad competente lo más rápido posible.

 En esta vivienda de la calle Los Lentiscos de Almatriche vivía cuando de descubrió el cráneo Moreno de soltero.


En esta vivienda de la calle Los Lentiscos de Almatriche vivía cuando de descubrió el cráneo Moreno de soltero.

Tras regresar de ver a su novia, ya de noche, la Guardia Civil que se encontraba merodeando por los alrededores de su casa, dio el alto a Roque Moreno. Acompañado de varios números del cuerpo se trasladó intrigado y asustado hasta un cajón de madera en cuyo interior pudo contemplar con estupor lo que parecía medio cráneo humano. “Esto lo trajo la perra suya hoy”, le dijeron con cierto tono de reproche.

“Mi padre nos contó que Chona solía llevarle a Chita alguna presa pequeña capturada en el monte cada vez que salía. Mis tías, alarmadas por los aullidos de la cría, fueron a ver lo que sucedía en el exterior del chamizo de piedra en el que solían estar ambos perros y fue cuando vieron horrorizadas el cráneo humano. Llamaron a unos vecinos cercanos y posteriormente dieron parte a la policía del cuartelillo de Tamaraceite”, explica José Lorenzo, que hoy mantiene como artista de talla en madera y piedra un taller en la casa antigua de sus padres.

“Fue al día siguiente por la tarde cuando la Guardia Civil de la Comandancia de Las Palmas y la Brigada de Investigación Criminal regresaron a Almatriche para que mi padre soltara nuevamente a Chona, a ver si daba con alguna pista más por los alrededores. Pasado un rato de búsqueda, la perra salió corriendo hacia el borde de una acequia de la Heredad de El Dragonal y se puso a escarbar con sus patas hasta que encontró otro trozo de cráneo”, prosigue contando el hijo de Roque Moreno, quien tuvo que declarar ante la autoridad por su implicación indirecta como dueño de Chona en aquel suceso y, como lo definió la prensa local de la época como “uno de los principales protagonistas del misterioso suceso”.

Cerca de esta presa abandonada aparecieron efectos personales de la presunta víctima

Cerca de esta presa abandonada aparecieron efectos personales de la presunta víctima.

En la edición del Diario de Las Palmas del 10 de junio de 1955, Roque Moreno describe aquel instante: “Marchaba yo algo separado del teniente de la Benemérita cuando vi que mi perra Chona empezaba a olfatear al lado de aquel árbol, en el pequeño talud que desciende hasta la vaguada. Se notaba que la perra estaba muy Inquieta. De pronto se paró y comenzó a escarbar en la tierra. Cuando vi lo que Chona traía entre los dientes, arrastrando por el suelo, no pude dominar un sentimiento de horror. Inmediatamente llamó a voces al teniente de la Guardia Civil, quien acudió presuroso y ordenó que no se tocase nada”.

Durante cinco días seguidos los vecinos colaboraron con la Guardia Civil en el peinado de la zona en busca de posibles pistas, resultando infructuoso todo intento. Incluso se emplearon lanchas para comprobar los fondos de algunos estanques de la zona. El crimen no sólo quedó irresuelto sino que nunca se ha sabido la identidad de la víctima, aunque por entonces se practicaron detenciones y algunas personas llegaron a ser encarceladas.

“Cuando vi lo que Chona traía entre los dientes, arrastrando por el suelo, no pude dominar un sentimiento de horror”.

 La casa de la familia Moreno en la que falleció la perra Chona

La casa de la familia Moreno en la que falleció la perra Chona

“Chona vivió con nosotros en esta casa hasta que murió de vieja en 1967”, señala José Lorenzo, de 55 años. En el mismo patio descubierto en el que pasó sus últimos años, ahora el artista cuida sus bonsáis que se reparten de manera desordena sobre el piso de cemento. “Jugábamos en su lomo tirándole de las orejas, aunque era una perra que se le tiraba a todo el mundo. Tenía mucho carácter y los vecinos cuando pasaban por delante de la puerta del jardín de la casa se retiraban de la cancela de madera. Mi padre quería que cuidara la finca que tenía cultivada. Imagínate estos alrededores con pocos vecinos y sin luz eléctrica en los años cincuenta. Habían muchas plataneras, tierras cultivadas y estanques. La gente que se dedicaba a la agricultura tenía miedo a los robos nocturnos”, sostiene su hermana Rosa María Moreno, de 56 años. “El nombre de Chona fue idea de mi padre. Fue nuestro animal de compañía a pesar de todo lo que sucedió”, concluye Rosa María.

 En este patio en el que José Lorenzo Moreno cuida hoy sus bonsais falleció Chona en 1967.

En este patio en el que José Lorenzo Moreno cuida hoy sus bonsais falleció Chona en 1967.

El día 7 de diciembre de 1955, una noticia publicada siete meses después de la aparición del cráneo en el periódico madrileño ABC, seguía refiriéndose al crimen de Almatriche, como uno de los que “más impresión había ocasionado en esta isla y España entera”. Aún son muchos los dichos y expresiones populares que alrededor de la perra Chona siguen estando presentes en el habla y la memoria de las gentes de Gran Canaria. Rosario Grau-Bassas González siempre ha tenido presente uno. Cuando su hijo Luis Piernavieja le reclamaba su ayuda con la finalidad de encontrar alguno de sus cromos extraviados de la Unión Deportiva, le espetaba: “¡Llama a la perra Chona para que te los encuentre!”

Página del periódico con una foto de la perra Chona y su cría Chita.

Página del periódico con una foto de la perra Chona y su cría Chita.