El actor argentino, al que pudimos ver en ‘Los Malditos’, interpreta a cuatro hombres que han sido vitales en la vida de la protagonista del montaje que dirige Mario Vega
Por segundo año consecutivo el argentino Quique Fernández se compromete con una producción de Factoría Unahoramenos. Tras ‘Los malditos’ vuelve a ponerse a las órdenes de Mario Vega para interpretar cuatro papeles distintos en ‘Tal vez soñar’, el nuevo montaje que la mencionada productora presenta a partir de un texto escrito por encargo al dramaturgo palmero Antonio Tabares.
Nacido hace 45 años en Mar del Plata, Fernández, que lleva 17 años residiendo en España, acaba de participar en varios filmes como ‘Los comensales’, del valenciano Sergio Villanueva, que rodó junto a Juan Diego Botto, Silvia Abascal y Sergio Peris-Mencheta; ‘Migas de pan’, dirigida el pasado año por la uruguaya Manane Rodríguez con Cecilia Roth y Justina Bustos; ‘Memorias del calabozo’, dirigida también por el uruguayo Álvaro Brechner y protagonizada por Antonio de la Torre, y está a punto de empezar a rodar una nueva serie en Galicia. Con una extensa trayectoria teatral consolidada desde el año 2005 cuando fue nominado en la edición de ese año de los Max como Mejor Actor Secundario por su interpretación de Fuso Negro en el montaje valleinclinesco ‘Cara de Plata’, que dirigió Ramón Simó, el actor argentino afronta este nuevo proyecto que requiere silencio y margen para esculpir dentro de cada uno y una la imagen de vida y el drama que se esconde detrás de lo que acontece sobre el escenario.
Fernández interpreta a cuatro personajes de la obra ‘Tal vez soñar’, al marido de la protagonista –Inma-, a su hijo, a un antiguo amante y al cirujano que la opera del corazón. “Me interesó y sedujo desde el principio la clave poética en la que planteaba Tabares su texto. Se tratan muchas analogías con la vida cotidiana y se viaja a un mundo reconocible en el que los encuentros son siempre posibles y resultan sanadores. Esa catarsis es muy reconfortante”, advierte Fernández que, al referirse a sus personajes señala que “son cuatro formas distintas de ver la vida desde la perspectiva de un hijo, un amante, un marido y el médico cirujano que no pudo salvarle la vida a Inma”.
De ellos se queda con Juan, el amante de la protagonista, “un tipo atormentado cuya existencia parece haberse detenido en el instante en que jamás pudo llevar a cabo con ella el deseo de su vida. Empatizo con este ser romántico, una especie de náufrago forzoso. Los otros se desenvuelven más en un registro humorístico”, dice.
“Inma realiza un viaje en la obra visitando a su amante, su marido, hijo, al doctor que la opera y finalmente a su padre. Hay mucha humanidad en la pieza porque todos tenemos unos vínculos en la vida y para el público hay muchas cosas reconocibles. De cosas que tendríamos que haber dicho un día y que nunca dijimos y de las que nos arrepentimos de no haber dicho. La obra nos permite viajar a un mundo en el que esos encuentros son posibles”, avanza el actor argentino.
“Los cuatro personajes son un desafío muy lindo para mí porque significa introducirte en cuatro plasticidades humanas diferentes de ver la vida. Es muy enriquecedor como actor ese reto”, dice. “Me quedo con el papel de Juan, el amante de Inma, un tipo atormentado, que se quedó en algo que quiso ser y no pudo. Tiene un aroma romántico. Los otros son más grotescos y desgarbados”. En cuanto a las escenas se queda con la última que protagoniza Inma como su padre, que explica y desvela a los espectadores el sentido del viaje de la protagonista.
Ya conoce a Mario Vega por la dirección que formuló en ‘Los Malditos’. “Trabajo muy cómodo con él. Si en la producción anterior se planteaban desde la denuncia una serie de asuntos reales, en ésta otra se explota el componente onírico desde la perspectiva de la comedia. Nos ha permitido jugar con los personajes y el texto, sin perder el punto reflexivo al que lo ha sometido Tabares”. También Fernández se refiere a su relación con el resto de actores. “Ni a Marta Viera ni a Miguel Ángel Maciel los conocía. Nos hemos hermanado muy bien y también es una virtud de la dirección seleccionar a personas que llegan a ser finalmente compatibles”, concluye Quique Fernández.






