Detrás de la dramaturgia del montaje ‘Los Malditos’ se vislumbran varios de los graves tumores malignos que afectan a distintos colectivos de seres humanos con los que compartimos este planeta. Esos conflictos son planteados al espectador desde el escenario con valentía en el texto de Antonio Lozano, en el contexto del pulso paralelo que la obra desarrolla y mantiene por boca de Armando, el periodista que elabora un reportaje para su cadena de televisión en el que deja al descubierto las cifras y la realidad que arroja la situación de los desheredados de la tierra.
A continuación te adelantamos los pormenores de algunos de ellos que se abordan en la obra.
La sangre de nuestros móviles
En la escena primera Dieudonné le avanza a Armando que empresas americanas, europeas, rusas o chinas que fabrican móviles, aviones, armas y ordenadores necesitan de alguien que les cuide las minas donde miles de niños se dejan la piel y a menudo la vida para sacar a mano el tan preciado coltán.

El coltán es uno de los minerales necesarios empleados para la fabricación de buena parte de los materiales electrónicos que integran los aparatos que empleamos, y esencial para la tecnología de nuestros teléfonos móviles. El 80 por ciento de las reservas mundiales de este preciado mineral (compuesto de columbita y tantalita) se concentra en el este de la República Democrática del Congo, en donde desde 1998 se han documentado más de cinco millones de muertes y dos millones de desplazados debido a la llamada ‘Guerra del Coltán’.
El rastro de sangre de conflictos financiados por y para su explotación por las grandes firmas trasnacionales es más que evidente. Los países limítrofes como Ruanda y Uganda exportan coltán robado en el Congo a diversos países, donde se utiliza en la fabricación de elementos de alta tecnología imprescindibles para teléfonos móviles, reproductores de DVD, consolas de videojuegos, ordenadores personales, estaciones espaciales, naves tripuladas que se lanzan al espacio y armas teledirigidas.

Alcatel, Compaq, Dell, Ericsson, HP, IBM, Lucent, Motorola, Nokia, Siemens y otras compañías punteras utilizan condensadores y componentes que contienen tántalo; también lo hacen las compañías que fabrican estos componentes, como AMD, AVX, Epcos, Hitachi, Intel, Kemet o NEC. Ellos son, en primera instancia, los culpables de una guerra no por olvidada menos dramática, con el agravante de que se teme que sobre la República Democrática de Congo pese la amenaza de la división en varios estados, lo que facilitaría la explotación de sus recursos.
Arrastrarse por el mundo
En la escena cinco Fatiha le dice a Dieudonné: “Nos arrastramos por el mundo en ese movimiento al que el destino parece habernos condenado, con la única culpa de haber nacido en el lugar equivocado”.
El número de personas desplazadas a la fuerza por las guerras, la violencia, la persecución y las violaciones de los Derechos Humanos alcanzó en 2015 la cifra récord del 65,3 millones de personas, 5,8 millones de personas más que las registradas en 2014, según el último informe ‘Tendencias Globales del Desplazamiento Forzado 2015’ publicado recientemente por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Estas cifras suponen que cada minuto 24 personas en todo el mundo se vieron obligadas a abandonar sus hogares en 2015.

Si los 65,3 millones de desplazados en el mundo fueran un país se situaría en el puesto 21 entre los más grandes por población, más grande que Reino Unido. Además, nueve de cada 1.000 personas en el mundo eran desplazadas forzosas, es decir, una de cada 113.Para finales de 2015, el 55 por ciento, unos 8,8 millones, de los refugiados residían en Europa o el África Subsahariana. Esta última región es la que más refugiados acoge, con 4,4 millones. El 80 por ciento de ellos (3,5 millones) proceden de cinco países: Somalia, Sudán del Sur, República Democrática del Congo, Sudán y República Centroafricana (RCA). En el caso de Europa, acoge a algo menos de 4,4 millones, el 58 por ciento de los cuales están en Turquía.
El nuevo canibalismo
En la escena diecisiete un asesino se dirige a una Wahid horrorizada para indicarle que venderán de ella todo lo que se pueda vender, desde su hígado a sus pulmones, a no ser que sus padres paguen el rescate que solicitan tras secuestrarla del campo de refugiados de Shagarab. Entra en escena el problema del tráfico de órganos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que el 10% de los más de 100.000 trasplantes anuales en el mundo se practican con órganos procedentes del comercio ilegal. Desde el año 2000 un país relativamente pequeño, Israel, viene liderando el primer puesto en el tráfico clandestino internacional de órganos. Hace un año fue detenido en una operación el cirujano Zacki Shapira, quien era jefe de trasplantes del hospital Rabin Medical Center de Beilinson, cerca de Tel Aviv, hasta su jubilación en 2003, acusado de impulsar hace doce años la red internacional de tráfico de órganos.

Un año antes, el ministro israelí, Nessim Dahan, admitió tácitamente que órganos extirpados de cuerpos de víctimas palestinas podían haber sido utilizados para ser trasplantados a pacientes judíos sin que lo supieran sus familiares directos palestinos. La Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trasnacional, que se refiere a la prevención, represión y sanción de la trata de seres humanos, incluye en su definición de la explotación humana la extirpación de órganos. Debido a interdicciones religiosas no hay una fuerte cultura de donación de órganos en los judíos y bajo la presión de los enfadados candidatos a transplante, el Ministro de Sanidad de Israel parece haber rehusado a tomar medidas duras sobre este negocio multimillonario. Por ello, el Gobierno israelí se apresura en admitir que sus ciudadanos, en casos de emergencia, pueden hacer transplantes fuera del país, «de manera legal, cumpliendo las normas internacionales», y con apoyo financiero de su seguro médico.
Trata sexual en España
En la escena veintidós, casi concluyendo el montaje, Malika se refiere al turbio futuro que les aguarda a las mujeres que son fruto de la explotación sexual, una vez llegan de manera ilegal a las zonas en las que hipotéticamente les debe aguardar una mejor existencia.

A muchas de las chicas veinteañeras que ejercen la prostitución en clubes de alterne en España se las engaña prometiéndoles un contrato de trabajo como empleadas de hogar en nuestro país. Indocumentadas y sin permiso de trabajo, muchas de ellas son amenazadas y trasladadas de un club a otro como mercancía. Desde la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (Apramp) se denuncia que cada 21 días son permutadas en los clubes de alterne, lo que dificulta y complica el seguimiento de estas víctimas por las que se preocupa dicha asociación. En realidad esas mujeres explotadas sexualmente no son prostitutas, sino supervivientes de una trata que mueve unos cinco millones de euros al día sólo en España, y suman 12 millones de víctimas en el mundo, según Naciones Unidas.

Hay que vociferar que en España, según la ONU, hay unas 45.000 mujeres y niñas que son víctimas de la lacra de la trata de la explotación sexual.



